Gimnasia para adelgazar para niños: ¿por dónde empezar?

La obesidad es una de las enfermedades de la civilización moderna. Actualmente, cada vez es más frecuente que también afecte a los niños. Esto es consecuencia del progreso tecnológico y del desarrollo de la civilización. Hoy en día, los niños pasan cada vez más tiempo frente al televisor, el teléfono o el ordenador. Además, tienen un acceso fácil a comidas y aperitivos con un alto contenido calórico y realizan muy poca actividad física. Todo esto contribuye a que su peso empiece a aumentar demasiado rápido. ¿Qué se puede hacer para ayudarles? En primer lugar, conviene ser conscientes de hasta qué punto esos kilos de más pueden perjudicarles.

¿A qué puede conducir la obesidad infantil?

Contrariamente a lo que podría parecer, puede ser tan perjudicial como la obesidad que afecta a los adultos. La lista de alteraciones, trastornos y enfermedades que puede provocar es muy larga. A continuación, presentamos algunos de los problemas de salud más importantes relacionados, entre otros factores, con la obesidad:

  • alteraciones del metabolismo de los carbohidratos (resistencia a la insulina, diabetes tipo 2),
  • hígado graso,
  • alteraciones del metabolismo de los lípidos,
  • trastornos emocionales,
  • mayor predisposición a desarrollar enfermedades oncológicas en etapas posteriores de la vida,
  • trastornos osteoarticulares (relacionados con la sobrecarga de los músculos y los huesos).

Prevenir la obesidad infantil implica la necesidad de cambiar el estilo de vida de toda la familia. Además de modificar la alimentación, también es necesario cambiar los hábitos cotidianos: empezar a hacer ejercicio con regularidad y, simplemente, aumentar la actividad física diaria. En algunos casos (por ejemplo, cuando el niño sufre acoso en la escuela), también es indispensable buscar apoyo psicológico profesional.

Ejercicio físico: ¿por qué es tan importante cuando el objetivo es perder los kilos de más?

Mediante el ejercicio físico se puede empezar a influir en el metabolismo del tejido adiposo y, además, mejorar el funcionamiento de los sistemas muscular, respiratorio, circulatorio y nervioso. También influye en el bienestar psicológico y en los niveles de determinadas hormonas. El tipo y el alcance de estos cambios dependen de la intensidad, la duración y la regularidad de los ejercicios que realizan los niños. Lo más importante es que un entrenamiento físico adecuado a las necesidades del niño le permitirá acercarse más rápidamente a un peso corporal saludable.

¿Cómo elegir las actividades físicas adecuadas para los niños?

En este caso, lo fundamental es que los ejercicios elegidos resulten agradables para el niño y que sean aceptados por él. Conviene aprovechar sus intereses y preferencias. Estos pueden complementarse con ejercicios adicionales. Lo peor que se puede hacer es imponerle disciplinas o formas de actividad que no le gustan (incluso si son más eficaces que aquellas que le resultan atractivas). También deben tenerse en cuenta su peso, sus características físicas (por ejemplo, la altura) y sus posibilidades físicas reales.

Es igualmente importante que los ejercicios o las formas de pasar el tiempo libre sean realmente eficaces. Si es posible, también conviene procurar que el niño tenga contacto con sus compañeros durante estas actividades. Los resultados pueden ser aún mejores cuando los ejercicios se realizan como parte de un juego compartido. Siempre que sea posible, vale la pena consultar las propias propuestas con especialistas (por ejemplo, un fisioterapeuta, un dietista o un profesor de educación física). Si es necesario, podrán complementarlas o corregirlas rápidamente.

¿Dónde y cómo hacer ejercicio?

Se puede hacer ejercicio prácticamente en cualquier lugar: en casa, en el jardín, en el parque o, por ejemplo, en un parque infantil. Conviene recordar que actividades tan sencillas como montar en bicicleta o patinar también pueden proporcionar muy buenos resultados. Lo mismo ocurre con el juego. Lo importante es que el niño se mantenga activo y ejercite diferentes partes de su cuerpo. Para ello se puede utilizar, por ejemplo, un parque infantil de jardín o un gimnasio doméstico. Sin embargo, para empezar basta con una colchoneta de gimnasia y una espaldera gimnástica adecuada para las condiciones del hogar. Abdominales, sentadillas, flexiones, inclinaciones: estos ejercicios conocidos son un buen punto de partida. ¿Y qué hacer después?

Si al niño le gusta correr, quizá valga la pena introducir un ritual matutino en forma de jogging alrededor de casa o en el parque. Otra alternativa puede ser, por ejemplo, la piscina o unas sesiones de fitness preparadas previamente para realizar en casa. Para organizarlas, vale la pena involucrar a todos los miembros de la familia (una persona puede preparar los ejercicios de cada día y después actuar como instructor). De esta manera, los ejercicios, que no siempre son fáciles, resultarán más llevaderos para el niño y, además, contará con el apoyo de la familia y, posiblemente, de sus amigos. Gracias a ello, seguramente se esforzará más y podrá avanzar de forma más constante hacia un peso corporal saludable.

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